Manifiesto.
¿Quién sos cuando todo lo que te definía ya no está?
Es una pregunta que me persiguió por mucho tiempo.
Bienvenidos a Duelando en Letras, un espacio diferente para viajar a través de nuestra historia, mirarla desde otra perspectiva y conectar con nosotros mismos para transformarnos.
Este es un refugio para pensarse junto a otros. Mi objetivo es darte un impulso para que encuentres tu propia motivación y encares tu vida desde una mirada más amable con vos mismo. Para ponerle algo de luz a tu viaje.
“Duelando en letras” proviene de una certeza que descubrí a lo largo de los años: escribir sana. Escribir permite distanciarse de las emociones para poder entenderlas.
Poder escribir me ayudó a pensarme. Me enseñó a revisar mis pensamientos y a desaprender creencias y prejuicios. Me ayudó a vaciar esas valijas con peso extra que traía conmigo; cargas emocionales que no me pertenecían, pero que eran imposibles de visualizar cuando todo estaba desordenado adentro.
Porque sí, como todos, yo también viví en automático. Pasando los días haciendo cosas “porque hay que trabajar y hay que vivir”. Pareciera que eso es lo que nos enseñaron y que no hay lugar a dudas.
El día que me quedé sin libreto
A los 27 años me encontré sola en un nuevo país, donde nadie me conocía y donde solo yo sabía “una” única historia sobre mi. Hasta ese momento, sostenía una identidad por pura costumbre. Lo que no sabía era que podía animarme a contar mi historia como yo quisiera.
En la forma en que relatamos lo que nos pasa, es como lo vamos creando. En cada nuevo lugar, tenemos la oportunidad de modificar algo: contar un detalle más o un pedacito menos. Y con esto no me refiero a mentir; me refiero a que en cada experiencia nueva uno deja de ser un poco lo que era antes. Los amigos, la rutina, el bar de siempre… todo eso nos define.
Cuando todo eso desaparece, te toca redefinirse a uno mismo viendo cómo te desenvolvés en el nuevo contexto.
Escribir se convirtió en mi forma de liberarme de los pensamientos rumiantes sin miedo a ser juzgada. Se volvió un hábito. Pasaba horas escribiendo sobre mis miedos y mis dudas, hasta que descubrí algo clave: todas esas preguntas incómodas me las estaba haciendo yo a mí misma, proyectándolas en los demás.
Todo pasa por cómo vemos lo que nos pasa, cómo elegimos trabajarlo y, fundamentalmente, cómo duelas lo que te pasa.
El dolor habla de nuestras pérdidas, y de eso se trata la vida: hay que perder cosas para evolucionar. La clave está en cómo atravesamos cada una de esas pérdidas. Ahí es donde este blog cobra sentido. Al poner el dolor en papel o en la computadora, aprendí a procesar la información y a tomar conciencia de que, aunque el dolor esté un día, yo elijo si mantengo ese pensamiento o hago algo para soltarlo.
Los materiales
Simbologia del viaje
Las dimensiones que se evaluan e integran en el proceso psicopedagogico

Las estrellas:
Son el brillo en la oscuridad del duelo
Son el brillo en la oscuridad del duelo. Parpadean para avisarte que hay alguien del otro lado escuchándote. Son esos compañeros a nuestro alrededor que a veces, por estar tan concentrados en nuestras propias frustraciones, no logramos ver ni valorar.

El Avion:
Es el simbolo del viaje en el que me encuentro y al que te invito.
La vida es un viaje en el que hay que sortear duelos para llegar a la luz. La felicidad es efímera, pero cuando somos conscientes de nuestra capacidad para hacer que el presente sea un poquito más feliz, esa sensación dura más. Es el cosquilleo de sentir que todo sale bien, aunque no veas el resultado.

El globo aerostático:
Es la liviandad de flotar.
Con él, quiero que visualices la sensación de soltar las cargas y los juicios que te pesan. Ahí está la clave para dejar ir lo que ya no querés ser.

Las montañas:
La conexion con la naturaleza.
Representan mi conexión con la naturaleza y la Pachamama. Es lo que me baja a tierra y me desconecta de la “mentalidad automática” y la ansiedad rumiante que solemos llevar a todos lados si no somos conscientes.

La línea de puntos del avión:
Habla de nuestra unica y propia historia.
Me gusta decir que mi historia es “mi casa” porque la llevo a donde voy. La casa soy yo, y con el camino trazado hasta hoy, hago “casa” a donde voy.
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